Maria-Luisa-Carcedo

Carcedo no sucumbe a los electoralismos

Tal vez no sea una líder carismática ni el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) la coloque nunca en el podio de los ministros del Gobierno más valorados, pero María Luisa Carcedo, la titular de la cartera de Sanidad, está adoptando decisiones más que sensatas durante su corto periodo de mandato. Lejos de sucumbir a los cantos de sirena electorales, Carcedo ha decidido resistirse, por ejemplo, a todo tipo de presiones lanzadas por alguna compañía y por organizaciones cercanas a sus tesis, y no ampliará el calendario vacunal a corto plazo. Lo fácil para ella habría sido autorizar la incorporación de nuevos productos, porque financiar vacunas siempre vende. Sobre todo, a menos de dos meses para los comicios. Pero Carcedo ha preferido guiarse por criterios de coste-efectividad, frenando de paso en seco la lamentable decisión de dos autonomías de quebrar la unidad farmacéutica en España, con lo que ha puesto temporalmente fin a un efecto dominó que sólo podrá ya reproducirse en función de los resultados de las autonómicas.

Carcedo acierta también con sus amagos de reformar la atención primaria. La llamada “puerta de entrada” al sistema lleva años instalada en tierra de nadie, sin apenas capacidad de resolución y con unos medios económicos y humanos muy mermados. Sorprende la situación de este nivel asistencial, habida cuenta del poder y la capacidad de penetración en la administración sanitaria con la que cuentan algunas organizaciones que representan a sus profesionales, pero eso daría para escribir un libro o una enciclopedia. Baste decir, como apunté en la última bitácora enfermera, que la realidad de estos profesionales no mejorará en tanto en cuanto persista el régimen funcionarial bajo el que trabajan. Tal vez los proyectos de mejora de la ministra sean retoques cosméticos, meras apariencias fugaces, pero responden a las demandas de los sanitarios y representan ya algo más de lo que hicieron muchos de sus antecesores en el cargo por este nivel asistencial, que fue más bien poco, por no decir nada.

Y acierta también la ministra con dos actuaciones importantes: la primera, coger por los cuernos el toro del desabastecimiento de medicamentos antes de convierta en un problema real de salud pública, y la segunda, reunirse poco a poco con los representantes de las profesiones sanitarias para escuchar sus reivindicaciones. Lo hizo, por ejemplo, con la enfermería, que le expuso la necesidad de terminar ya ese proyecto inconcluso en el que se ha convertido la prescripción alternativa: todavía quedan pendientes aspectos como la coordinación de los sistemas de acreditación en esta materia por parte de las autonomías, y la creación de la receta enfermera.
En el deber de Carcedo aún figuran la política farmacéutica, que camina lenta y plomiza, lo que retrasa la llegada de nuevas moléculas al mercado, para exasperación de los laboratorios y la pérdida de peso ante Hacienda, pues el proyecto truncado de presupuestos era aterrador para la Sanidad.

PREGUNTAS CON RESPUESTA

¿Qué laboratorio amaga con abandonar de nuevo Farmaindustria? ¿Por qué?

¿Por qué prefieren las grandes compañías que el volumen de ventas sea el factor que más pese en la devolución que la industria realizará al Estado en el futuro por el crecimiento del gasto farmacéutico?

¿Qué refriega importante ha habido últimamente en la Comisión de Comunicación de Farmaindustria? ¿Qué programas de radio dieron pie a esta refriega capitaneada por Zamarriego?

¿Por qué no decreta Sanidad una subida de precios de los productos desabastecidos que no tengan genérico en el marcado?

Sergio Alonso

Autor Sergio Alonso

Fundador y director del suplemento A tu salud del diario LA RAZÓN

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