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El Ministerio de Sanidad no debe desaparecer

Aprovechando el abotargado letargo en el que ha permanecido el Ministerio de Sanidad durante los 315 días de interinidad del Gobierno y los primeros meses de Dolors Montserrat al frente de su cargo, han vuelto a arreciar las voces cuestionando la necesidad de mantener en pie este departamento para transferirlo a otro más amplio con un claro corte social. Vaya por delante mi posicionamiento claro en favor de su subsistencia. Además de disponer de un órgano que se ocupe de las políticas sociales, nuestro país y su sistema de salud han de contar con un Ministerio específico y estar representados por una autoridad máxima que actúe como interlocutora del sector y altavoz ante los profesionales y los enfermos. Su mantenimiento no quiere decir, sin embargo, que deba hacerlo tal y como está, capitidisminuido en parte por las transferencias, en parte por la enorme dificultad que reviste para algunos altos cargos la comprensión de los problemas sanitarios, y en parte por los complejos estatales ante las hasta ahora irreductibles comunidades.

No soy el primero ni seré el último en decir que el gran error de los inicios de la democracia fue delegar en los servicios de salud regionales las competencias en salud pública. Una cosa es transferir la gestión de los centros por necesidades evidentes de planificación y de cercanía hacia los problemas de salud específicos de los ciudadanos que han de ser atendidos, y otra cosa muy distinta es depositar en manos de las consejerías decisiones que no entienden de fronteras como las vacunaciones. Ya se han producido casos de inmunizaciones decretadas más por un efecto dominó atizado por el impacto mediático, que por razones de evidencia clínica, desatando la alerta social y disparando el gasto de forma innecesaria. Tampoco conviene extenderse aquí en el manido ejemplo de las absurdas diferencia de calendarios que aún persisten.

Pero el Ministerio no sólo debe permanecer por motivos de una salud pública que, pese a estar transferida, precisa de un órgano central que intente coordinar las acciones regionales para frenar desatinos. El departamento ha de subsistir asumiendo sin ambages la coordinación general de los recursos humanos, así como la gestión de la farmacia. En ambas materias no caben medias tintas porque lo contrario ha conducido a lo que todo el mundo sabe ya: de un lado, se desconoce aún el mapa complejo de profesionales que trabajan en el sistema, lo que impide una correcta planificación, y las disposiciones sobre ellos oscilan dependiendo de los movimientos de sus representantes con los políticos locales. De otro, las consejerías están haciendo con las farmacias y los medicamentos sus particulares reinos de taifas. ¿Hace falta el Ministerio? Rotundamente, sí, pero ejerciendo la alta inspección y dotándose de instrumentos punitivos para asegurar que sus decisiones se cumplan.

PREGUNTAS CON RESPUESTA

¿Qué empresa tecnológica teme la teme qfserue la Consejería de Salud de Cataluña desempolve documentos relativos a los vínculos que mantiene con un conocido médico de la comunidad?

¿Qué persona gallega que estuvo ligada a la Sanidad es sondeada con frecuencia por un alto cargo del Ministerio?

¿Qué sanitario socialista conocido por su altanería goza inexplicablemente de más prestigio fuera de su partido que dentro del mismo?

¿Qué Federación de pacientes es cuestionada por otras por el manejo que hace de los fondos?

Sergio Alonso

Autor Sergio Alonso

Fundador y director del suplemento A tu salud del diario LA RAZÓN

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