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El principio de solidaridad en enfermería

Uno de los términos más utilizados en nuestro tiempo es el de “solidaridad”. Un concepto del que, como muchos otros, se usa y abusa con grave riesgo de desvirtualizarlo, como así sucede.

Así, por ejemplo, la realidad solidaria se nos presenta como algo similar a “cooperación” entre personas o entre pueblos. También hacemos uso del término refiriéndonos a la ayuda humanitaria prestada por Organizaciones No Gubernamentales en aquellos países que -eternamente- se encuentran en vías de desarrollo o que son víctimas de ese belicismo medieval que, lejos de desaparecer, resurge como una de las notas características de la época contemporánea. Es muy triste asistir a esta involución en tiempos de creciente desarrollo tecnológico y de tanto avance científico. Escenario que pone de relieve hasta qué punto lo que llamamos “desarrollo”, no siempre se acompasa con el respeto, enriquecimiento y reconocimiento de lo humano. De esto tendría tanto que decir la profesión enfermera…

Se habla también, con frecuencia, de “solidaridad cristiana”, amalgamada con los conceptos de “fraternidad y caridad” emanados del mandamiento por antonomasia.
Podríamos añadir una larga lista de términos utilizados indistintamente como sinónimos de solidaridad, igualmente que sus atributos. Solidaridad que aparece, unas veces como valor, otras como imperativo moral, como principio e, incluso, como virtud, estos son, esa “disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza”. Hay quien piensa, yo entre ellos, que cuidar de las personas, desde una dimensión genuinamente ética, pasa por una práctica inspirada en la virtud.

Me atrevo a afirmar que uno de los males de nuestra época, cuya característica tal vez primordial —reitero— consiste en su espectacular desarrollo científico-técnico, es, precisamente, la imprecisión en el uso de las palabras. El logos, la palabra en cuanto meditada, reflexionada o razonada, ha devenido en mera “charlatanería” y el uso pluriforme y plurisemántico de gran número de realidades profundas nos conduce a un vacío de contenidos adornado por un discurso más verborreico que verbal, más confuso que clarificador.

Esta especie de caos lingüístico nos afecta también a los enfermeros y enfermeras a la hora, por ejemplo, de tratar de identificar las claves de la esencia de nuestra disciplina, los elementos de una verdadera epistemología enfermera, a mi juicio, todavía no suficientemente explorada, pese a algunos notables intentos de abordar el tema.

Y esa imprecisión lingüística afecta, de manera singular, a determinados conceptos digamos, “de moda”. Este es el caso que nos ocupa en relación con la solidaridad, una realidad tan próxima a la naturaleza misma de la profesión enfermera que nos merece la pena estudiar siquiera someramente. A ello intentaré dedicar algunas reflexiones próximas en este rincón.

Rafael Lletget

Autor Rafael Lletget

Tratamos de recuperar la esencia de la perspectiva humanista buscando su lugar en el ámbito de los cuidados enfermeros. El ser humano , más allá de eslóganes y frases oportunistas, constituye el centro de la praxis enfermera.

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