3D medical background with virus cells and DNA strands

Enfermería y control de la multirresistencia a los antimicrobianos

Todos sabemos que la resistencia a los antimicrobianos (RAM) es un proceso por el cual los microorganismos (virus, bacterias hongos y parásitos), sufren cambios ante la exposición a los antimicrobianos (antibióticos, antifúngicos, antivíricos, antihelmínticos), que se traduce en un fortalecimiento del agente infeccioso, ineficacia del antimicrobiano, persistencia de la infección, y propagación de la infección.

Están apareciendo nuevos mecanismos de resistencia que se propagan a nivel mundial, y la capacidad de reacción es menor que la aparición de estos nuevos mecanismos multirresistentes. El aumento de la resistencia provoca paralelamente un aumento de la discapacidad, las muertes, y la prolongación de la enfermedad. Sin antimicrobianos eficaces para prevenir y tratar las infecciones, intervenciones sanitarias como los trasplantes, quimioterapia, TTO. de diabetes o la cirugía mayor, serían procedimientos de alto riesgo. La prolongación de la enfermedad o la utilización de fármacos más caros, eleva el coste de atención sanitaria a pacientes con infecciones resistentes, lo cual plantea un serio problema económico a los usuarios del sistema.

La contención de la resistencia a los antimicrobianos necesita un “enfoque multidisciplinar”, y el papel de la enfermera/o es esencial mediante prácticas seguras en la administración de antibióticos (AB), y la implementación de protocolos de lavado higiénico de manos. Papel que resulta de especial relevancia si consideramos que intervenciones enfermeras habituales como los procedimientos invasivos (sondajes urinarios, canalización de vías venosas) o el cuidado de las heridas quirúrgica, constituyen intervenciones asociadas al entorno laboral de la enfermera, cuya falta de control y vigilancia podría influir sobremanera en la resistencia bacteriana.

Las enfermeras deben participar activamente dentro del equipo interdisciplinar (tanto en atención primaria como en atención hospitalaria), en la planificación, diseño y ejecución de estrategias de ayuda a la reducción del problema RAM, como son:

  • Impedir la infección: vacunándose en primera instancia el propio profesional, frente a los agentes patógenos sobre los que existen vacunas eficaces (Gripe, Hepatitis B, etc.); y recomendando la vacunación en el adulto.
  • Impedir la automedicación: elaborando y ejecutando campañas de educación sanitaria sobre pacientes que adquieren los antibióticos sin recetas (por ejemplo vía internet), que se administran dosis inadecuadas sin consultar con la enfermera referente, o que simplemente interrumpen voluntariamente el tratamiento prescrito.
  • Adquirir AB de fuentes legítimas: la falsificación o la mala calidad de fármacos causan el fracaso del tratamiento y facilitan la resistencia.
  • Enfocar el agente patógeno: en muchas ocasiones y dada su cercanía a pie de cama o en la consulta de enfermería, la enfermera es el profesional que en primer lugar recibe y conoce el resultado del cultivo y antibiograma, y por lo tanto estaría capacitada para interrumpir el tratamiento empírico de forma provisional en el caso de resultado de laboratorio negativo.
  • Promover el cumplimiento terapéutico: muchas veces la resistencia bacteriana obedece a la falta de adherencia al tratamiento, con lo cual la enfermera debe aprovechar tanto la consulta a demanda de atención primaria como la consulta programada, para ejercer su labor de educadora sanitaria en promoción de la salud y prevención de enfermedades, como así establece la Ley 44/2003 de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, y el propio Código Deontológico de la Enfermería Española en su art. 26 y art. 31.

Finalmente comentar, que a propósito de los arts. 54 y 57 del Código Deontológico de la Enfermería, la enfermera debe vacunarse frente a los procesos infecciosos recomendados por el servicio de vigilancia de la salud de su centro de trabajo, para de esta forma no poner en riesgo en ningún momento la seguridad y salud del paciente al que trata. Esta contribución junto con el lavado higiénico de manos, es fundamental para la vigilancia y el control eficaz de la resistencia a los antimicrobianos.

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