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La difteria ataca de nuevo

Parece mentira que en un país como el nuestro se pueda padecer difteria. Pues ocurre. En los calendarios de las distintas comunidades autónomas está prevista una vacunación con seis dosis, de manera que podamos inmunizarnos contra esta enfermedad, de la que ya no conocíamos un solo caso desde hace cerca de 30 años.  Además, por sentido de precaución y previsibilidad, seguimos administrando nuevas dosis junto con la vacuna del tétanos cuando hay heridas anfractuosas o importantes en tamaño o la simple du-da de una vacunación incorrecta o desconocida aplicando las correspondientes pautas correctoras. Es decir, que tenemos oportunidades que permiten a usuarios y pacientes protegerse contra la enfermedad.

Desde hace unos años existe una corriente totalmente injustificada, que anima —por decirlo suavemente—, a la población a  no vacunar a sus hijos. Padres crédulos, y digo crédulos porque es una cuestión de fe, ya que no hay ni la más mínima evidencia científica que avale esta teoría contraria a la vacunación, desperdician el conocimiento científico, la evidencia que tiene archidemostrado que lo que funciona es vacunar, y dejan sin protección a sus hijos frente a enfermedades evitables. Veintiocho o treinta años sin un solo caso de difteria no es producto del azar. ¡Pensemos!

Desde nuestro punto de vista enfermero, tenemos el deber ético y moral de explicar esto a nuestros pacientes y en este momento, tras la aparición de este caso de difteria, reforzar nuestro conocimiento irrefutable sobre este tipo de vacunas: seguras y eficaces. En nuestro lenguaje existen propuestas para reforzar las actitudes de las personas que buscan entender sus procesos de prevención de la salud y la búsqueda de la corresponsabilidad en el mantenimiento de la misma. Hacemos diagnósticos que van orientados a trabajar estos aspectos de protección de la salud tales como: “Conductas generadoras de salud“, “Disposición para mejorar la salud”… En Atención Primaria nos permiten abordar estos extremos e indagar en la percepción que las personas tienen sobre la propia salud y sobre cómo deben mantenerla. Proteger y protegerse con las armas que ahora están a nuestro alcance es una obligación. Las vacunas en nuestro país no son obligatorias, aunque mucha gente crea que lo son, y por lo tan-to las motivaciones para inmunizarse tienen que estar basadas en una buena información. Después respetaremos la decisión que las personas tomen respecto a este y otros temas sobre su salud, ya que lo que sí está regula-do es la autonomía del paciente y el respeto a las decisiones que este tome.

Aunque en el caso de la no vacunación yo pienso que los padres cometen un tremendo error.

En el caso de la difteria de Gerona, como en otras enfermedades al borde de la extinción, tenemos que tener en cuenta que, como son casos aislados y no se ven todos los días, afortunadamente gracias a las vacunas, tardaremos más en reconocer los síntomas y en diagnosticar cuál es el proceso que afecta al paciente y por ende en tratarlo de la manera adecuada. Actualmente corremos riesgos evitables y la mayoría de las veces los corremos por ignorancia y la cerrazón inducida por la desinformación de otros tiempos o de estos tiempos.

Fidel Rodríguez Rodríguez

Autor Fidel Rodríguez Rodríguez

Expresidente del Colegio de Enfermería de Ávila y analista de la profesión con una crítica sincera, desde la vertiente sanitaria y universitaria

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