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La sanidad hace gala de un lenguaje autoritario

Como todo poseedor de un rancio abolengo, el sector sanitario conserva algunos tics autoritarios que encuentran su reflejo en su lenguaje. Si en su obra 1984 George Orwell acuñó el término de «soma» y se inventó los ministerios del amor, la paz, la abundancia y la verdad para aderezar el universo totalitario que comandaba el «gran hermano», los próceres de la Sanidad parece que no quieren ser menos y llevan tiempo describiendo políticas, situaciones y hasta prácticas médicas con una terminología eufemística que recuerda a la del escritor británico. En unos casos, se utiliza para imprimir rimbombancia y rango de oficialidad a hechos que deberían darse por supuestos al ser inherentes al ejercicio profesional. En otros, se usa para edulcorar la gravedad de un tema. Y en alguno, para banalizar y restar peso a circunstancias tan transcendentes incluso como la vida humana. Aludo aquí, por ejemplo, a la llamada «humanización de la asistencia», palabras de moda que adornan ya un buen número de direcciones generales en España después de que Madrid, con buena vista mediática, decidiera incorporarla al organigrama. Desde entonces, abundan los cargos que incorporan tan honorable nominación en sus tarjetas de presentación, y proliferan los planes humanizadores, como si antes de ellos la atención que recibían los pacientes fuera cruel y despiadada. ¿Es que no ejercen de manera humanizada su trabajo unas profesiones, las sanitarias, que figuran en el top de las más humanistas? ¿No ha sido humana, acaso, la atención recibida por la mayoría de los enfermos en cualquiera de los centros del país? Obvia decir que el uso de tales términos no casa con mis principios, aunque cuente con grandes amigos al frente de alguna de estas direcciones.

Autoritario también, y mucho, me parece el término de «muerte digna», eufemismo generalizado en el campo de los cuidados paliativos y que fue muy utilizado durante la crisis del Severo Ochoa cuando de lo que se hablaba entonces era de eutanasia y de otras cosas mayores. ¿No está acaso erradicado el ensañamiento terapéutico y generalizada la sedación para aliviar el dolor de los enfermos que están a las puertas de la muerte y cuya situación es irreversible? ¿Por qué ese empeño entonces en hablar de muerte digna? ¿Es que mueren los enfermos de forma indigna?

No quisiera terminar sin detenerme en otra palabra puesta de moda al hilo de la crisis: la «sostenibilidad». De buenas a primeras, los mismos que negaban la mayor y rechazaban que la merma de ingresos recaudatorios tuviera impacto en la Sanidad se lanzaron a participar en mesas redondas, simposios y seminarios sobre la sostenibilidad. Se trata del clásico uso de una palabra para suavizar la que en realidad corresponde al hecho que describe: en este caso, quiebra. ¿Por qué ese empeño en el uso de eufemismos?

PREGUNTAS CON RESPUESTA

¿Qué persona afín al movimiento pro eutanasia que se desató durante la crisis del Severo Ochoa ocupa un puesto de responsabilidad en el Gobierno del PP? ¿En qué ministerio?

¿Qué conocida médico de una sociedad científica parece haber perdido el norte, guiada por extraños conceptos religiosos?

¿Qué alto cargo del Ministerio asegura sufrir el síndrome del «burn out» y aceptaría un puesto de menor responsabilidad en el sector privado, con tal de salir del Paseo del Prado?

¿A qué conocido grupo sanitario privado no le salen las cuentas?

 

Sergio Alonso

Autor Sergio Alonso

Fundador y director del suplemento A tu salud del diario LA RAZÓN

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