religión

La universalidad del cuidado enfermero

La enfermería está acostumbrada a atender a pacientes de toda condición social, cultural, ideológica, a tantas formas de ver la vida como personas hay. En las últimas décadas conviven sin problemas en nuestro país personas que profesan religiones distintas de la mayoría católica. Obviamente estas personas de vez en cuando acuden al sistema sanitario, son hospitalizados, tienen hijos… y si bien la lengua puede ser una barrera solventable, por ejemplo, a través de la tecnología, hay otros aspectos intangibles que puede conducir a situaciones muy incómodas.

Conviene que toda la sociedad, y los enfermeros en particular, conozcan las particularidades culturales y religiosas de muchos extranjeros y de los españoles que siguen otro credo. Será muy útil en su trabajo y en su vida. Nunca está de más saber cómo viven su fe los demás, incluso en aquellos casos donde el paciente no profesa creencia alguna. El abordaje de un paciente extranjero siempre exige al profesional un tacto especial para transmitirle confianza, hacia él o ella como enfermero y hacia el sistema sanitario en su conjunto. Determinadas acciones o frases podrían ofender al paciente, algunos temas pueden resultar incómodos, el rol de la pareja y la familia cambia también… En resumen, ampliar conocimientos en este sentido conlleva un claro beneficio a la hora de cumplir con nuestras obligaciones profesionales.

Y no siempre es fácil actuar en estos casos. De hecho, no son pocos los sanitarios que se han visto inmersos en procesos, incluso judiciales, derivados de las pautas culturales y/o religiosas que conforman las múltiples convicciones que hoy se asientan en el seno de nuestra sociedad. No en vano habitamos en el horizonte de lo que algunos expertos bioeticistas denominan “sociedades canónicas dotadas de contenido”. Un contenido que debemos conocer y respetar. De ahí la importancia de incorporar estos principios y valores en nuestra práctica cotidiana. Y el referente ha de ser siempre el código deontológico de la enfermería y el marco legislativo que nos hemos dado todos, como lo derechos fundamentales contemplados en la Constitución Española y la Declaración Universal de Derechos Humanos. Pero, afortunadamente, ese choque cultural no es nada frecuente y lo normal es que paciente y enfermero hagan todo lo posible por entenderse y colaborar para poder abordar un problema de salud. Así debe ser. La salud es un bien que contribuye a la felicidad de las personas y la enfermería trabaja, precisamente, por y para las personas.

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