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Los directores institucionales andan desnortados

La búsqueda de responsables de relaciones institucionales que, además de ser finos estilistas, cuenten con amigos hasta en el infierno se está convirtiendo en una verdadera obsesión para las empresas y organizaciones que operan en el sector sanitario. En épocas de estabilidad política, para obtener el puesto bastaba con que el candidato estuviera en la órbita del partido en el poder y contara con una sólida red de contactos dentro de esa formación y en las autonomías que se encontraban bajo su manto. En la anterior etapa de Gobierno del PSOE, por ejemplo, más de uno echó mano de su teórica amistad con José Martínez Olmos para hacer carrera en la empresa privada y vender su capacidad de actuar como lobbista, aunque luego los resultados fueran nulos.

Durante el Gobierno del PP sucedió otro tanto. Algunos se valieron de hecho de una supuesta proximidad con Ana Pastor para intentar medrar. Cuando vieron que aquello no bastaba porque Mariano Rajoy encomendó a la ex ministra otros menesteres ajenos a la Sanidad, hicieron valer su facilidad de acceso hasta Pilar Farjas, y cuando la secretaria general cayó en desgracia, presumieron de amistad con Agustín Rivero o Javier Castrodeza, y hasta con Alfonso Alonso o Dolors Monserrat para hacerse valer y sostenerse en el cargo, aunque tal proclama fuera falsa.

En la larga lista de directores institucionales que operan en el sector, hay algunos con tino, olfato y brújula de por dónde van los tiros, y otros subsisten en permanente fuera de juego, agarrados a la palabrería y la inoperancia de sus superiores directos. Los hay, por ejemplo, que despreciaron al PSOE durante el Gobierno del PP y, más concretamente, a los seguidores de Pedro Sánchez, al que daban por muerto. También ningunearon al poder autonómico de esta formación porque, por aquel entonces, consideraban que un consejero socialista era como una isla en mitad de un mar azul sobrevolado por gaviotas populares. Craso error. Ni que decir tiene que aquellos que de tal forma obraron se han quedado colgados de una brocha tras la moción de censura y ahora tratan de desandar el camino andado, exhibiendo si hace falta hasta su simpatía por el partido. Hace apenas tres meses ni sospechaban que Sánchez fuera a ser presidente del Gobierno ni atisbaban que Carmen Montón iba a convertirse en la mujer fuerte dentro de la Sanidad socialista. Lo mismo sucede en las filas populares.

Por su relación con este partido, pocos responsables de la interlocución política en empresas e instituciones llegaron a calibrar que los sorayistas y Cristóbal Montoro iban a caer en desgracia y que Monserrat, a la que consideraban rara avis y una mera ave de paso por el sector iba a tener de nuevo mando en plaza, y mucho, con Pablo Casado al frente del aparato. En los últimos dos años, algunos responsables institucionales más conservadores han procurado además el acercamiento a Francisco Igea y a Ciudadanos en previsión de que esta formación llegue algún día a ser llave de Gobierno. En general, la mayoría andan desnortados.

PREGUNTAS CON RESPUESTA

¿Qué libro ha sido el detonante del distanciamiento entre dos personajes muy próximos al PSOE que, hasta la fecha, mantenían una gran amistad? ¿Por qué?

¿Qué ministro con conocimientos sanitarios teme convertirse en un nuevo Román Escolano y quedarse tirado en caso de los socios del Gobierno dejen tirado al PSOE en la negociación presupuestaria?

¿Qué personaje está aprovechando la ceremonia de confusión política para colocar a familiares en los hospitales de una comunidad popular?

¿Qué vendetta prepara el responsable de una corporación de derecho público contra un personaje famoso en el sector por su histrionismo?

 

Sergio Alonso

Autor Sergio Alonso

Fundador y director del suplemento A tu salud del diario LA RAZÓN

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