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Madrid le come la tostada a Cataluña en sanidad

En un plazo inferior a diez años, Madrid le ha comido la tostada a Cataluña en lo que a sanidad se refiere. Las razones de este cambio súbito de posiciones entre ambos feudos son múltiples y no tienen que ver sólo con el auge del independentismo, aunque este factor ha influido mucho en todo ello. El origen de los males sanitarios de Cataluña arrancó con la autocomplacencia de los últimos gobiernos de CiU y, sobre todo, con la llegada al poder del famoso tripartito, cuya gestión económica hizo trizas las arcas autonómicas y destrozó el, hasta entonces, modélico sistema sanitario catalán.

De la letal gestión que hicieron Marina Geli —que hoy suena como futura consejera— y sus compañeros en la Generalitat puede dar fe Boi Ruiz, un hombre querido y respetado en Madrid pese a acompañar a Artur Mas en su viaje a la deriva del secesionismo. Mientras Cataluña dilapidaba una herencia gloriosa que le había permitido atraer a los mejores MIR, explorar fórmulas gestoras rompedoras y crear una estructura de referencia en España, Madrid iba poniendo paso a paso las piedras para crear un ecosistema sanitario de tal calibre que hoy la han convertido, probablemente, en la principal comunidad sanitaria de todo el continente. Madrid aprovechó, por ejemplo, los devaneos nacionalistas con el catalán para atraerse a numerosos especialistas de prestigio.

Los MIR que antes elegían en masa el Vall d’Hebrón o el Clinic como centros hospitalarios en los que formarse empezaron a cambiar de parecer y se decantaron por La Paz, el Clínico o el Ramón y Cajal. También renovó su infraestructura sanitaria con nuevos hospitales y creó el caldo de cultivo necesario para el asentamiento en su territorio de una sanidad privada de primer nivel. Hoy, tanto ella como los dispositivos públicos, conforman una red que tiene poco que envidiar en el tratamiento y la investigación de patologías como, por ejemplo, el cáncer, a ciudades como Houston.

Otra de las razones esenciales de esta pujanza frente al declive catalán radica asimismo en las finanzas. Con un sistema autonómico de financiación similar y una balanza también negativa, Madrid supo sin embargo gestionar con eficacia en medio de la miseria de la crisis económica. Justo todo lo contrario que Cataluña, pese a los ajustes obligados que Boi Ruiz impuso allí para equilibrar las cuentas en rojo recibidas como legado envenenado. Este año, Madrid destinará un 36,38% de su presupuesto a la sanidad, y dedicará 1.209,42 euros para cubrir la atención sanitaria de cada habitante. Cataluña, en cambio, apenas dedicará a su antaño modélico sistema un 23,32% de su presupuesto, destinando apenas 1.174,79 euros por ciudadano. Como estos datos arrastran una inercia de años, las consecuencias en listas de espera y calidad asistencial son ya más que notorias.

Sergio Alonso

Autor Sergio Alonso

Fundador y director del suplemento A tu salud del diario LA RAZÓN

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