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Mi amigo Juanito, que cumple 96 años

De un tiempo a esta parte casi todas las tardes coincido en el café con Juan, aunque prácticamente todos lo conocemos por Juanito, con quien resulta una delicia hablar pues, a sus 96 años, recuerda con detalle no sólo acontecimientos de su vida, sino del entorno en donde la ha vivido, prácticamente toda ella en la ciudad de Madrid en donde nació. Pero no olvida sus orígenes, aunque son los de su padre, Jumilla, en Murcia, pues su madre era de Molina de Aragón, en Guadalajara.

Y cuenta cosas de su estancia en Jumilla, a donde lo llevó su padre al inicio de la guerra civil y donde estuvo con su abuelo, con quien trabajó en las tareas del campo, pues tenía 50.000 cepas y tuvo que vendimiar y pisar la uva para hacer vino. De ahí que Juanito, al recordar los muchos oficios en los que trabajó (llega a decir que hasta 26 o más), ponga en primer lugar la de haber sido agricultor. Y también en Jumilla fue carnicero.

Cuando volvió a Madrid, dice que el viaje lo hizo solo y vino para ocupar el piso mientras su padre quedaba en prisión en Murcia, la primera dedicación fue una encuadernación a la que lo llevó el hijo de la portera. Habla maravillas del encuadernador, Petronilo Recio, un auténtico innovador en el campo de la encuadernación. Pero lo dejó porque en una imprenta próxima le ofrecían dos duros (diez pesetas) de paga frente al duro (cinco pesetas) que recibía en la encuadernación.

Juanito que, en alguna ocasión soñó con ser linotipista, ejerció de cajista de imprenta pues la empresa carecía de linotipia. Y luego fue taxista y funcionario de prisiones y especialista del parque móvil y un largo etcétera que él cuenta con gracia e, incluso, citando nombres propios.

Juanito recuerda a la gente de su barrio y cómo, siendo muchacho, junto a los de su pandilla, solía acudir a la entrada de artistas del teatro Maravillas para abrir la puerta del coche en que llegaba alguna de ellas. Recuerda sobre todo a Celia Gámez, la de Las Leandras, que les daba un ‘níquel’, una moneda de 25 céntimos que tenía un agujero en el centro. Lo de abrir la puerta se lo distribuían los del grupo para que la propina llegara a todos.

Cuenta Juanito que, siendo taxista, un día subió Celia Gámez a su vehículo y le preguntó si recordaba aquellas escenas de los chicos abriéndole la puerta al llegar al teatro y asegura que sí lo recordaba.

Y habla de los cines y de las películas que había visto en cada uno de ellos. Y de los cinco céntimos que costaba utilizar el ascensor colocado en el templete que daba acceso a la estación de metro de Gran Vía.

Juanito es una historia viva de Madrid, aunque tiene cierta añoranza del Madrid de los 700.000 habitantes. Y la cuenta con detalles mientras saborea un vermut blanco, que es lo que pide cada tarde pues, según cuenta, fue la bebida que, cuando apenas tenía 13 años, bebió un día en que su abuelo vino a Madrid y lo llevó a recorrerlo.

Este año Juanito llega a los 96 y es una delicia encontrarse con él casi todas las tardes.

Autor Carlos Nicolás

Director de Acta Sanitaria

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