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A veces, las cosas no son lo que parecen

Quiero aprovechar esta entrada del blog para compartir con vosotros, ¡el primer dibujo que me ha regalado una niña! Me ha hecho muchísima ilusión, se me saltaban las lágrimas cuando me lo dio. ¡No me puede gustar más!

En una de las guardias de urgencias pediátricas, coincidí con una enfermera que me relató un cuento que me hizo reflexionar sobre la importancia de las primeras impresiones. Se trata de una adaptación del Pachatantra, titulado El brahmán y la mangosta:

La mujer de un brahmán, teniendo necesidad de ir a comprar cebada al pueblo vecino, dejó a su hijo al cuidado de su marido, y se fue. El rey hizo llamar al brahmán para proceder a un sacrificio. Cuando recibió aquella invitación el brahmán, que era pobre, pensó: “cuando se trata de realizar una buena acción debe uno darse prisa, pues, de lo contrario, el tiempo se lleva el fruto de la obra. Pero aquí no tengo a nadie que cuide del niño. ¿Qué puedo hacer?… Voy a confiárselo a mi mangosta, a la que doy de comer hace mucho tiempo y a la que quiero como si fuera hija mía”. Así lo hizo y se fue al sacrificio. La mangosta vio de repente a una serpiente negra que se dirigía a la cuna del niño. Se lanzó valientemente al reptil y clavándole sus dientes puntiagudos en la garganta la mató. Cuando vio regresar al brahmán, corrió a su encuentro, con la boca y las patas ensangrentadas y se arrastró a sus pies. El brahmán, viéndola en aquel estado, creyó que había matado a su hijo y mató a la mangosta. Entró rápidamente en su casa, y allí vio a su hijo sano y salvo y a la serpiente muerta. Comprendió entonces que la mangosta había salvado a su hijo; y viendo que había castigado con la muerte al gracioso animal que le había conservado lo que él más quería en el mundo, cayó en profundo abatimiento…

Nunca debemos dejarnos llevar por la cólera antes de conocer la verdad, porque la verdad, a veces, tiene engañosas apariencias.

En nuestra profesión, convivimos con situaciones y vivencias de todo tipo y estamos en contacto con personas con diversos puntos de vista y situaciones personales. Por ello, es muy importante no juzgar ni precipitarse en la valoración. Por tanto, es fundamental utilizar la relación de ayuda y la empatía para poder ofrecer los mejores cuidados a nuestros pacientes y a sus familiares. Recordemos lo que dice el cuento del brahmán y la mangosta: la verdad, a veces, tiene engañosas apariencias.

Eva Puebla Nicolás

Autor Eva Puebla Nicolás

Diario de una residente de enfermería pediátrica

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