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La consejería maldita

Generalmente, cuando queda vacante la cúpula de una Consejería de Sanidad suelen producirse tortas entre los aspirantes para conseguir ocuparla. En Madrid, sin embargo, ocurre lo contrario. Cuando circula el runrún de que el puesto puede ser renovado, las personas cuyo nombre suena con más fuerza para la sucesión tienden a desaparecer de la escena pública para que el presidente o la presidenta de la Comunidad de turno se olvide de ellas y sea otro el elegido. Aunque pueda parecer exagerado, lo cierto es que la Consejería de Madrid arrastra una especie de maldición que ha golpeado a todos sus ocupantes desde tiempos inmemoriales; incluso, desde antes incluso de las transferencias.

Si Jesús Sánchez Martos anda estos días muy cuestionado por la pinza que han hecho contra él los sindicatos y el Colegio de Médicos, por sus titubeos con el Hospital de Móstoles y por sus declaraciones sobre los abanicos de papel en las aulas, antes de él lo fueron sus antecesores con una intensidad, si cabe, mucho mayor. Desde Rosa Posada, que pasó sin pena ni gloria por carecer de competencias y por su carácter huidizo, hasta el ya citado Sánchez Martos, ha fluido una larga lista de consejeros a los que el cargo no les trajo suerte para proseguir una carrera política exitosa. José Ignacio Echániz, por ejemplo, resultó abrasado, por las luchas intestinas que se desataron en la Consejería, por el enérgico carácter de los «pata negra» que ejercían en los hospitales y por el propio proceso de transferencias y los roces con Celia Villalobos.

Sólo la juventud le salvó de la quema y acabó más tarde en la Consejería de Castilla-La Mancha, pero hoy se encuentra ya fuera de la órbita sanitaria y no es previsible que regrese a corto plazo. Peor suerte política sufrieron Manuel Lamela, Juan José Güemes y Javier Fernández Lasquetty. Frente a lo que dicta la propaganda, sigo sosteniendo que el primero de ellos ha sido el mejor consejero de Sanidad que ha habido en Madrid. Su desgaste vino de una guerra politizada en extremo en la que llevaba la razón, la de las sedaciones en el Severo Ochoa, y del desmarque de sus compañeros de partido en pleno incendio, algo típico en el PP, de lo que puede dar fe también Fernández Lasquetty en el cacareado asunto de las privatizaciones que no fueron tales y nunca lo iban a ser. Entre medias de ambos, Güemes salió escaldado de una relación de amor-odio con Esperanza Aguirre y del fuego cruzado al que le sometió la izquierda en la capital.

De Javier Fernández y de Javier Maldonado, poco que decir. Al primero el ébola le arrastró, retirándole del escenario. Al segundo le fulminó la llegada de Cifuentes a la presidencia.La maldición de la Consejería siempre ha estado latente y aún persiste.

PREGUNTAS CON RESPUESTA

¿Qué político del PP muy conciliador ha sonado con fuerza para ocupar el cargo de consejero de Sanidad de este partido en una comunidad?

¿Qué laboratorio desató hace dos meses la ira del resto y, sobre todo, de los nacionales, con una propuesta sui generis sobre el pago a la Administración en función del crecimiento?

¿Qué directivo experto en gestión atraviesa malos momentos en la empresa en la que trabaja?

¿Qué compañía farmacéutico da ya por hecho que la Agencia Europea del Medicamento irá a Lyón o a Milán?

Sergio Alonso

Autor Sergio Alonso

Fundador y director del suplemento A tu salud del diario LA RAZÓN

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