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La engañifa del pacto por la Sanidad

Ahora que el juego parlamentario estimula la búsqueda de consensos, resuena con inusitada fuerza la necesidad de alcanzar el cacareado pacto por la Sanidad. La petición no es nueva. De hecho, lleva circulando por los mentideros políticos desde el frustrado informe Abril Martorell y ha sido repetida de forma sistemática con toda suerte de ministros de Sanidad y Gobiernos de diferente signo y condición, generándose intentonas, cuando menos, curiosas, que no invitan precisamente al optimismo para su materialización en el futuro más inmediato. Lo intentaron, por ejemplo, PP y PSOE durante la primera legislatura del primer partido en el poder, pero las filtraciones de parte de las propuestas, los escarceos populares con la iniciativa privada en Alcira y en los hospitales tradicionales, y el enfrentamiento político reinante hicieron imposible el acuerdo. Ni siquiera la actitud encomiable de la diputada de CiU Zoila Riera y de Coalición Canaria permitieron conseguirlo.

Después de esta subcomisión parlamentaria, ha habido otras intentonas quizás más mediáticas, pero igual de frustrantes en cuanto a resultados prácticos. En tiempos socialistas, con Bernat Soria y Trinidad Jiménez, las acometidas para lograr un pacto siguieron su curso, pero no fructificaron, en parte por el mismo riffirrafe político que tumbó la primera, y en parte por la banalidad de muchas de las propuestas formuladas. Tanto fue el empeño en llegar al consenso, que algunas de las medidas que se esbozaron no eran más que enunciados retóricos, descafeinados y huecos: meros textos vacíos de contenido.

Hoy, la palabra pacto vuelve a la palestra, y no hay acto, foro o simposio que se celebre en España en el que alguno de los especialistas invitados no lance a los cuatro vientos el manido y hasta cansino desiderátum. Lo último que suena es que sea el Senado, la gran cámara territorial infrautilizada, el que promueva el consenso, implicando incluso para ello a las consejerías de salud autonómicas. Si quieren que les diga la verdad, veo imposible que tal pacto llegue a Puerto. En un entorno en el que programáticamente los partidos apenas se diferencian, con excepciones conocidas por todos, la Sanidad es, junto con la Educación, el área social por excelencia con la que PSOE y PP pueden contentar a su electorado. Incluso en el hipotético caso de que ambas formaciones llegaran a entenderse, sus propuestas serían tumbadas por Podemos, que en todo lo sanitario no va a ceder un ápice.

Nadie espere, por tanto, fórmulas consensuadas sobre la transformación del régimen jurídico del Sistema Nacional de Salud y el Estatuto Marco, la financiación del modelo o la colaboración público-privada. Las reformas sanitarias imprescindibles tendrán que hacerse por decreto y bajo el manto de un Gobierno con mayoría absoluta o no se harán. Y en este caso, los precedentes no invitan tampoco al optimismo. Lo demás son engañifas.

PREGUNTAS CON RESPUESTA

¿Qué ilustre sanitario ha sido clave con movimientos en la sombra para que Hacienda diera marcha atrás en la guerra de la tributación por los congresos científicos?

¿Qué alto cargo del Ministerio despierta profundos recelos en la industria farmacéutica? ¿Por qué?

¿Qué ex consejero de Sanidad está muy enojado con la política que despliega su sucesor?

¿Qué patronal del sector está replanteándose su «modus operandi» a la vista del escaso impacto que tienen sus propuestas.

Sergio Alonso

Autor Sergio Alonso

Fundador y director del suplemento A tu salud del diario LA RAZÓN

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